Descripción del grupo de trabajo
La Administración tributaria se ha convertido en la clave del arco que sustenta el edificio de la convivencia social. Los ingresos públicos tienen que ser suficientes para financiar los programas de gasto público necesarios para garantizar un desarrollo sostenido y un progresivo aumento del bienestar para los diversos grupos sociales. La Administración tributaria debe recaudar con eficacia para distribuir con equidad. Y es imperativa la eficiencia en el manejo del dinero público, en sus dos fases: recaudación, vía impuestos, y redistribución, vía programas de gasto.
Ahora bien, la convivencia en todos los hogares siempre tiene aspectos conflictivos. Minimizar los conflictos es la estrategia más sensata. Para ello se precisa que las normas por las que se rija esa convivencia sean interiorizadas, asumidas y respetadas por el mayor número de personas que conviven en ese ámbito. De ese modo, sólo habrá que recurrir a la coacción en ocasiones especiales.
Capítulo aparte merece el lograr que la relación entre las Administraciones tributarias y los ciudadanos sea más simétrica. El poder de "policía" de la Administración tributaria condiciona la atención a los ciudadanos. Aunque la corrección coactiva del comportamiento tributario desviado es la estrategia fundamental de la Administración tributaria, es también importante facilitar el cumplimiento de las obligaciones tributarias. La estrategia consistente en informar a los ciudadanos de sus responsabilidades para consigo mismos y para sus conciudadanos, no es menos importante porque complementa a las otras dos. Solamente los ciudadanos libres, informados, y autorregulados, conscientes de sus derechos y de sus obligaciones, serán contribuyentes honestos. Por eso, la educación fiscal es uno de los programas clave, no ya de la Administración tributaria, sino del Hogar Público en su conjunto. Nunca es demasiado temprano para empezar esta tarea.
Por último, si el correcto cumplimiento de las obligaciones tributarias es una de las columnas que sustentan el arco de la convivencia civilizada, la otra es la gestión adecuada de los programas de gasto público. Un país puede gozar de una Administración tributaria eficaz y eficiente, pero si la Justicia es venal, o la Educación y la Sanidad insatisfactorias, o los funcionarios públicos deshonestos, el edificio no será seguro. La educación fiscal no debe perder de vista la otra vertiente del presupuesto público, por lo que también tendrá que atender a la otra vertiente del fraude fiscal que es la relativa al gasto público. De este modo, la educación fiscal es una estrategia no tanto para recaudar mejor, sino para construir una sociedad mejor con el esfuerzo de todos.
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